El libro electrónico tiene numerosas ventajas, ya sea su portabilidad, comodidad y, sorprendentemente, la gran duración de su batería. Como en todo, los pequeños detalles marcan la diferencia, siendo uno de los mayores aciertos la pantalla iluminada y poder ajustar el tamaño de letra. Grandes facilidades para la lectura en idiomas distintos al propio, gracias a su diccionario integrado. La lectura continuada no provoca cansancio en la visión.
Lo que parecen olvidar muchos de los que usan estas nuevas tecnologías es que, aún teniendo libros electrónicos, puede leer libros de papel. Es cierto que no tiene el encanto de un libro físico, Hollywood no hará películas románticas en las que los protagonistas se conozcan en la librería de Amazon, pero ¿Y qué?. Habrá lugares donde no querrás llevarlo, y para esas ocasiones, preferirás llevar un libro de papel. Como último inconveniente, añadiría que Amazon sabrá constantemente qué compras.
Hace unos días en la radio hablaban del duelo libro electrónico VS libro papel (como si acrecentar el hábito de la lectura fuera a ser negativo para las editoriales). Después de la tertulia dieron paso a intervenciones telefónicas, siendo la de una señora con Parkinson y visión reducida la que más me llamó la atención: se sentía muy agradecida ya que el Kindle le permitía volver a recuperar el placer de leer, debido a que su enfermedad le impedía sujetar libros. Gran acierto de aquellos que defienden que los más ancianos verán como una herejía la lectura en un dispositivo electrónico.
Es de recibo avisar de su precio, 129€, amén de que el formato que requiere es MOBI, leyendo pdf con menores prestaciones e ignorando EPUB. Existen aplicaciones gratuitas y libres de virus para la conversión al formato requerido.


